Capítulo V. Sobre el Rostro de Serpiente

 El shlang de Elisa, General de los Vigilantes de Zeres, atravesaba los aires a la mayor velocidad que le era posible, entrando en un estado de turbotránsito donde la realidad se disolvía, dando paso un túnel de colores verdes y naranjas por donde la criatura se movía, siendo invisible para el ojo humano común al moverse con extrema rapidez. 

Llegó a la Ciudad Capital a las ocho de la noche, sobrevolando sus edificios iluminados por luz eléctrica (accesible para la gente de la Alta Clase) que formaban cuadras donde se entrecruzaban avenidas adornadas por autos de vapor y peatones que vestían sus mejores prendas. El shlang, de plumaje negro y ojos rojos y brillantes, continuó moviéndose, disminuyendo su velocidad, abandonado el turbotránsito y aproximándose hacia el Capitolio, descendiendo mientras aleteaba sus alas y el piloto de la barcaza que cargaba se ponía en comunicación con el centro de control para aterrizar. En un extremo del enorme edificio se veía una abertura entre sus paredes con un enorme espacio en su interior, funcionaba como puerto aéreo para las naves y shlangs que venían de visita con asuntos formales. Ahí tocó suelo el shlang negro de Elisa, recibido por una equipo de seguridad que escoltó a la general una vez que ella bajó de la barcaza. 

Vestía su siempre bien acomodado uniforme militar blanco, portando botas y guantes negros. Traía el cabello corto y blanco; sus ojos, casi negros, habían adquirido cierta frialdad al haber servido durante varios años a los Vigilantes y, aunque hasta el momento, no había participado en ninguna guerra, siempre había anticipado que un nuevo conflicto bélico en Mádvar sería inevitable. 

Caminó por los pasillos color arena del interior del Capitolio, donde era imposible no encontrarse con un guardia en cada esquina que cruzaba y robots de servicio por doquier, artilugios de lujo que solo personas como el Gobernador Elmer se podía dar el lujo de poseer. Llegó entonces a la puerta de la sala de oficinas del Gobernador, un par de guaridas se encargó de abrirle. En el interior se encontraba el mismo Elmer, vestido con sus distintivas prendas de seda azul, acompañado por la Jefa de Protección Civil, Verónica, su representante, Rina, y un androide de análisis cuyos ojos eléctricos miraron directamente hacia Elisa, quien intentó disimular su incomodidad al moverse con rapidez hacia la mesa de juntas y sentarse al lado del Gobernador.  Este había optado por tomar una pluma y hacerla girar sobre su mano usando sus dedos.

—¿Cómo ha estado su viaje? —le preguntó Elmer a Elisa con un tono frío, casi como si no estuviera cargado de emoción humana alguna. 

—Bien, gracias —respondió Elisa—. Vine lo más rápido que pude. 

El Gobernador continuó mirándola fijamente. A Elisa en ocasiones ese sujeto le recordaba a una serpiente, sus ojos estaban demasiado apartados de su entrecejo, cuya piel rozaba las tonalidades del amarillo. Su boca, al sonreír, se expandía demasiado y su delgado, pálido y alargado rostro le daban un aspecto de reptil de lo más inquietante. De no ser por su desaliñada y abundante cabellera negra, estando completamente calvo, definitivamente tendría la apariencia completa de un reptil. Su madre siempre le había dicho, a modo de metáfora, que jamás confiara en una serpiente, y no porque estas fueran engañosas y astutas, sino porque tenían el terrible hábito de morderse su propia cola y después culparte por ello. 

—Ya lo veo —continuó diciendo Elmer, sin dejar de hacer el movimiento de la pluma sobre su mano—. Bueno, ya que estamos completos, deberíamos dar inicio a nuestra junta. 

—¿Podrías dejar de hacer eso? —preguntó Elisa, hablando más rápido de lo que tenía pensado. 

—¿Hacer qué? —respondió el Gobernador. 

—Lo de la pluma… Me pone nerviosa. Deja de hacerlo. 

El Gobernador Elmer le sonrió con aquel gesto de serpiente que tanto le incomodaba a Elisa, apartó su mirada de ella y la centró en el resto de los presentes, sin soltar en ningún momento la pluma. Elisa consideró prudente no reclamarle su actitud y mirar hacia otro lado, mientras que el hombre retomaba su plática: 

—Como ya se ha visto —dijo él—, porque considero que es imposible que no se hayan enterado a estas alturas, la Legión Libertad ha tomado control sobre todas las Montañas Cósmicas de Mádvar, movilizando a sus voluntarios a extraer toda la esencia posible de su interior. Son dirigidos por el Director Iván Andelov, quien se ha encargado de comprar los terrenos y conseguir los permisos de explotación de aquellas zonas. 

—Es imposible que un hombre haya montado este enorme movimiento por cuenta propia —comentó Rina—. Debió haber tenido ayuda por alguien más de la Alta Clase. Los Andelov son uma familia poderosa, pero no lo suficiente como para formar algo a´si.

—Eso es cierto —concedió Elmer—. Como sabemos, Iván no es ningún don nadie. Proviene de una de las familias más acaudaladas de la Alta Clase, heredero de una gran fortuna. Sin embargo, creo que es totalmente seguro que recibió ayuda por otros miembros de su mismo estatus. Pero… Vamos por partes, este hombre, Iván, ha comprado todos los terrenos relacionados con las Montañas Cósmicas, cuyos propietarios evidentemente también pertenecían a la Alta Clase, señores de gran reconocimiento que no veían nada de bueno en poseer esos relieves por sus lares

»Aquí existe, entonces, un asunto de lo más interesante. Como sabemos, la esencia cósmica cayó hace millones de años en Mádvar y, en un primer instante, parecería que colaboraba con nosotros para hacer florecer mejor nuestros cultivos al vivir en un mundo desértico y con condiciones poco aptas para la agricultura. Sin embargo, esta también es la que le da a los magos la capacidad de explorar sus poderes, fusionándose con la humanidad desde hace años, tanto así que hoy en día nacen niños con parte de esa esencia cósmica en sus cuerpos y deben de ser controlados por nuestras instituciones médicas para que no lleguen a explotarlas al máximo. 

—¿Cómo es que la Legión Libertad está extrayendo la esencia cósmica de las Montañas? —preguntó Verónica. 

—Hubo una raza que durante todos estos años se adaptó de forma diferente a la esencia cósmica… Los cíclopes. En lugar de desarrollar habilidades mágicas, se adaptaron para poder contener la esencia cósmica dentro de sus cuerpos para después expulsarla al mudar de piel o al hacer desprender sus escamas. Al parecer Iván los ha acogido dándoles un supuesto hogar mientras trabajan para ellos. 

—O sea, que prácticamente los ha esclavizado —comentó Elisa.

—Sí y no —respondió Elmer—. Los devoradores no parecen sentirse afectados por sus tratos, creo que de hecho lo apoyan en su misión junto a todos los voluntarios que ha logrado reclutar de los pueblos. Sin embargo, están alterando el orden natural de Mádvar al impedir que las Montañas Cósmicas hagan su trabajo al ayudarnos a mantener la productividad de nuestros agricultores al máximo. Si bien la eliminación de las Montañas Cósmicas supone la erradicación definitiva de la magia, es alto precio a pagar considerando que gracias a ellas también podemos alimentar a toda nuestra población.

—Pero… —Elisa estaba por comentar algo, pero se arrepintió al isntante. 

El gobernador la ignoró y la conversación la retomó el androide de análisis que hasta el momento no había participado. 

Considero importante mencionar el hecho de que diez gramos de esencia cósmica podrían darle energía a un pueblo entero por más de tres años. Sería prudente ver la posibilidad de formar una alianza con la Legión Libertad para tener en nuestro poder esta nueva energía y evitar un conflicto armado. 

—Sí, puede ser, puede ser —respondió el Gobernador, con un tono que daba entender que confiaba más en aquel androide que en el resto de sus compañeras—. Sin embargo, creo que el asunto va más allá de eso. Pienso que se trata de alguna clase de fachada. 

¿A qué se refiere? 

—¿Por qué otra razón miembro de la Alta Clase financiarían un movimiento populista si no es para ganarse la confianza del pueblo y entrar en el poder? Me parece esta una excusa perfecta para movilizar a las masas para solicitar un cambio en la gobernación de Mádvar, siendo la Legión Libertad el camino que el Director Iván y sus supuestos aliados tomarán para llegar a donde estamos nosotros sentados. No se me ocurre otra razón por la que gente como ellos se interesarían verdaderamente en los pueblos bajos, tanto así como para alardear de que buscan formar un cambio para todos.

—Bueno, eso que dices también hace sentido si consideramos que Industrias Henriev, perteneciente actualmente a Reneás Henriev, es el único proveedor de energía del mercado. Sería lógico suponer que algunos miembros de la Alta Clase hayan decidido montar su propio negocio tanto político como comercial —dijo Rina, dando razón de los argumentos de Elmer.

—¡Exacto! —exclamó él con entusiasmo—. Y por eso considero que deberíamos actuar de inmediato. Compañeras, vean el panorama de esta manera: La Legión Libertad está convirtiéndose en un enemigo considerable, ya que prácticamente ha formado su propio ejército, con voluntarios provenientes de pueblos bajos, dirigidos por figuras políticas que buscan instaurar un nuevo orden basado en la falsa promesa de un progreso que tan solo afectará a nuestra población y nuestros recursos. En otras palabras, se están preparando para una revolución. ¡Propongo que actuemos antes de que el asunto escale a mayores! 

—¿Y qué piensas hacer entonces? —le interrogó Elisa. 

—Ahí es donde entras tú, Elisa. Verás, de las quince Montañas Cósmicas que existen en Mádvar, trece han sido tomadas por la Legión Libertad. Las tierras de la Ciudadela de la Luna poseen cuatro de esas trece montañas. Siendo este un punto estratégico para tomar la ventaja en este conflicto, lanzaremos un ataque directo hacia allá. Nada muy sofisticado, un escuadrón de bombarderos y una infantería bien armada harán un trabajo ideal. Quiero que reúna a sus mejores tropas y las prepare para ello, necesito que dentro de cuatro días partan hacia allá. 

—¿Está hablando en serio? —dijo Elisa alzando la voz—. ¿Les va a declarar a la guerra sin previo aviso?

—Oh, por supuesto, que no. Haga que los bombarderos suenen sus sirenas antes de atacar, que les dé tiempo suficiente para tomar refugio. Y también asegúrese de no disparar a ningún soldado enemigo a menos de que sea necesario, quiero que los inmovilice y arreste. Que este movimiento sirva de advertencia para el resto de la Legión Libertad.

Pero, señor… 

—¡Chsst! ¿Alguna duda Elisa? 

—No, ninguna… —Elisa tenía mucho más que decir, pero de nuevo pensó que sería más prudente callar. 

—Bien. 

—Yo sí tengo una duda —dijo Rina—. ¿Qué piensa hacer con los aliados que creemos que tiene el Director Iván? 

—Ese trabajo se lo encargaré a usted. Busque en los perfiles de los ciudadanos de Mádvar qué miembros de la Alta Clase podrían encajar en este asunto. 

—Entendido, así lo haré. 

—Excelente. Dicho esto creo que cada quién puede retirarse a sus labores establecidas. 

—Yo… Tengo otra duda —exclamó Elisa. 

—Sí, dime —respondió Elmer, mostrando su sonrisa inquietante que hizo a Elisa retorcerse de forma sutil sobre el asiento sin que se percatara. 

Tragó saliva y habló: 

—¿Qué sucede si la Legión Libertad se resiste? Es decir, si no responden de la forma que esperamos. No puede asumir que se mantendrán sumisos si usamos la fuerza bruta para controlarlos, en especial porque sus miembros se mantiene muy fieles a los valores que dice representar su movimiento. 

—Buena pregunta —respondió Elmer—. En el caso de que se dé esa situación, ustedes deben controlarlos, sin importar lo que suceda deben de lanzar las bombas y desmantelar sus puntos de extracción. Necesitamos demostrar a toda costa que Mádvar es nuestro. 

—Entiendo. 

—¿Algún otro comentario? 

El androide de análisis levantó su mano mecánica. 

—De ti no escucharé nada más. ¿Algún ser humano que quiera dar un último comentario o pregunta?

Rina, Verónica y Elisa se mantuvieron en silencio, negando con la cabeza. 

—¡Bien! Doy esta sesión por terminada. Manténganme informado de todos los detalles. Pueden retirarse.

Elisa abandonó la sala de juntas dando un portazo, caminando a paso enfurecido hacia el puerto aéreo del Capitolio. La barcaza del shlang se abrió y, una vez que hubo tomado asiento dentro, el piloto encendió los mecanismos de control e hizo a la criatura alzarse en vuelo y entrar de nuevo en turbotránsito 

«El Gobernador Elmer es definitivamente un tonto» pensaba para ella misma, aunque deseaba que el mismo gobernador escuchase lo que pensaba de él. «¿Cómo se le ocurre iniciar una guerra ahora mismo? Aunque sea de forma indirecta. Es un completo idiota». 

El shlang negro se alejó por el cielo, perdiéndose de la vista de los ciudadanos de Ciudad Capital, llevándose a una furiosa Elisa en su interior. 


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