Capítulo VII. En el Auditorio
Esa misma noche, los Vigilantes arribaron de nuevo en la base de Zeres, donde una gran aglomeración de cadetes y soldados, liderados por la General Elisa, los vieron llegar, más no hubo aplausos ni celebraciones. No se trataba de ninguna clase de victoria. No se trataba de la eliminación completa de una amenaza que comenzaba a surgir. Consistía en un malestar, una bestia, un monstruo al que todo soldado presente le temía y de cuya llegada habrían esperado que se mantuviera en simples rumores. Ahora estaban en guerra contra la Legión Libertad y, aunque nadie, proclamó nada al respecto durante las primeras horas desde la llegada de los sobrevivientes, todo mundo era consciente de ello.
A las doce y media exactamente se llevó a cabo una reunión en el auditorio de la base a la que asistió todo el personal de las instalaciones, sin importar que fueran conserjes, pilotos, comandantes, cadetes o soldados; la sala estaba tan llena que la mayoría de los presentes estaba de pie. El auditorio tampoco se trataba de un sitio de lujos y diversión, era una simple sala rectangular donde se habían acomodado unas doscientas sillas de plástico. Sin embargo, nadie se quejó de la incomodidad, ni siquiera mencionaron palabra alguna.
Elisa se colocó delante de la audiencia y, sin dar ninguna introducción, dijo:
—Hace seis días me reuní con el Gobernador Elmer, decidimos que lanzaríamos un ataque de advertencia a la Legión Libertad para frenar sus labores en las Montañas Cósmicas y un posible derrocamiento del gobierno actual. Esperábamos destruir las instalaciones, dando tiempo previo de evacuación, para después arrestar a los insurgentes. Todo estaba saliendo de acuerdo al plan, pero el adversario decidió abrir fuego primero. Lamentablemente debo de informar que, a pesar de que intentamos que todo panorama apuntara hacia lo contrario, nos encontramos ante un posible escenario de guerra. Estaré en las próximas horas conversando con el Gobernador Elmer para decidir qué hacer con ustedes y la mejor decisión que debemos tomar al respecto. Les pido paciencia y comprensión. Mañana por la mañana tendrán noticias mías, mientras tanto manténganse en sus actividades diarias y doblen sus esfuerzos. Estamos ante tiempos de incertidumbre. Tengo que retirarme ya, les dejó en las manos de sus comandantes y capitanes por las siguientes horas.
De nuevo la sala se quedó en silencio mientras veían a la General Elisa salir apresuradamente de la sala. Ella tomó su shlang negro de los hangares y, sin esperar a que llegara el piloto correspondiente, accionó los controles de la barcaza para dirigirse inmediatamente hacia Ciudad Capital.
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